Cambiar el estilo de vida

Cuando empiezas la recuperación o el tratamiento,  más o menos forzados,  casi todos lo hacemos por diferentes motivos, unos por convicción, otros a raíz de un ultimátum, otros porque ya no hay más opciones de vida…

Todos, incluso los más convencidos, al principio  pretendemos conformarnos con la abstinencia.  Y creemos que con ello basta,  pues eso ya es todo un logro para nosotros.  Pero en el camino muchos nos enfrentamos a las recaídas y no entendemos nada:   ¡¡¡por qué, si llevo tanto sin beber!!!.

Aunque pensamos que la recaída es el hecho de consumir, en realidad, esta situación empieza mucho antes.  La consecuencia es evidente,  lo visible es el consumo, pero hay otras muchas cosas previas que hacemos mal.  A veces siendo conscientes, pensando que no tiene importancia, y a veces sin darnos cuenta.  Yo creo, es mi opinión, lo esencial y lo que marca la diferencia, lo que de verdad lleva a tener éxito en la recuperación, es cambiar completamente el estilo de vida. Pretender recuperarte sin cambios, es casi imposible.  El cambio además no ha de ser superficial, sino asimilado interiormente como un cambio de prioridades.  Este es el momento para ser honesto completamente con uno mismo y saber bien cuáles son nuestros FACTORES DE RIESGO.

Por ejemplo, entre muchos adictos están muy arraigadas las reuniones de amigos. Asistir a estas reuniones fin de semana tras fin de semana, -es mi opción-  a mí me parece muy peligroso. ¿Cómo pretendes ver a tus amigos, a tus colegas de juerga, semana tras semana, mes tras mes, incluso años, resistiendo sin beber?.  Y digo bien,  resistiendo,  con los dientes apretados, casi esperando que pase la noche pero siendo tan masoquista  de contemplar como los demás, tus amigos de siempre, se ponen hasta arriba.  Da igual que muchos de ellos también sean adictos,  o que no lo sean,  eso a nosotros no nos tiene que importar.  Pero ese estímulo constante se queda grabado en nuestro cerebro, estamos alimentando a la fiera. Y cualquier día, no ese día, cualquier otro día, por cualquier motivo irrelevante, que no tenga nada que ver, una discusión, una decepción, una alegría, cualquier emoción,  hace que de pronto estemos con el vaso en la mano:  “¡Maldita sea, por qué no voy a poder beber como todos los demás, que asco de vida, ya me da todo igual…!”

Tu entorno se va a quedar de piedra pensando que ya estabas recuperado:  ¡¡si tu ya no bebías!!.

Esto puede pasar en cualquier momento, la adicción no tiene prisa, puede esperar pacientemente, tiene todo el tiempo del mucho. Y aparecerá, créeme. Si no haces las cosas bien, aparecerá.

Por eso es tan importante conocer cuáles son nuestros factores de riesgo, los de cada uno, tener claro nuestro perfil como bebedores o adictos en general, sin mentiras a nosotros mismos.

El perfil de bebedor solitario, puede ser más complejo aún, más difícil de detectar la situación de riesgo, puesto que aunque en principio el cambio debería  ser socializar o relacionarse,  eso puede suponer un estrés a la persona, puesto que es lo que la pone nerviosa. Y lo que parece la solución es el factor de riesgo:   tener que hablar con gente, o hacer actividades con desconocidos puede crear angustia, inseguridad, rechazo, agobio, sentirse desplazado, no necesariamente por sentirte inferior, sino a veces al revés,  en general por no estar conectado, por creer que no se tiene nada que ver con esa persona.   No encontrar alguien de confianza.

Y creo que tanto en el caso del bebedor social, como el del solitario, hay algo básico, que no por sencillo, deja de ser bastante difícil:   aprender a estar solo,  EN PAZ,  con uno mismo.  ¡Que tiene tela:  en paz con uno mismo!…, pero hay que intentarlo.   Y esto empieza con una cosa básica: aprender a aburrirse.   Unos,  buscamos la diversión en los demás, porque no queremos estar solos;   otros,   nos refugiamos en nosotros mismos, porque no soportamos la compañía de los demás.

En ambos casos con sufrimiento, o recurriendo a la sustancia.  La que sea.  Por eso hay que aceptar tranquilamente que hay momentos en los que no ocurre nada relevante, apreciar la monotonía y la rutina, sin agobiarnos.  No quiere decir que no haya que buscar actividades gratificantes, pero hay momentos cotidianos en la vida no tan divertidos que hay que mirar a la cara y afrontar sin angustia.

Creo firmemente que una de las claves de la recuperación es evitar esas situaciones de riesgo, no exponerse a la sustancia o no buscar excusas para consumir, sobre todas las cosas. Porque nunca ganarás.

AUTORA:  Paciente en tratamiento por adicción al alcohol

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