LOS “SUPERPODERES” DEL ALCOHOL (II): SUPERFUERZA

“De pequeño me fascinaban los tebeos de Astérix y Obélix. Soñaba con ser tan fuerte como ese pequeño galo que era capaz él solo de apalear a todo un regimiento de curtidos soldados romanos. Ni que decir tiene que su compañero grandote era aún más fuerte, aunque no gozara de la inteligencia de Astérix. Me quedaba embobado viendo cómo el druida de la aldea (Panorámix) elaboraba su ultrasecreta poción mágica y, con ella, trasformaba a sus convecinos en superhombres. Me pregunté una y mil veces qué se sentiría con tal poder y cuál sería el sabor de la pócima. Me imaginaba que muy sabroso pues, de no serlo, un glotón como Obélix no daría tanto la murga al druida para que se la dejara probar. picture1

Crecí con esas estampas fortaleciéndose en mi cabeza mientras que mi desarrollo físico no iba a la par. Tanto es así que para llegar a ser un alfeñique tendría que entrenar duramente y seguir una dieta hiperproteica. Esta circunstancia aniquiló la poca seguridad que tenía en  mi mismo (dejo mi historia familiar de abandono y de nulo reconocimiento para otra ocasión) y me llevó a sentirme inferior a cualquier persona y en cualquier aspecto, convenciéndome de ser incapaz de afrontar tareas que requieran esfuerzo de algún tipo.

He de añadir además que muchas de las personas que han pasado por mi vida o se han aprovechado de mi debilidad o, lo que para mí es peor, se han apiadado de la misma, consolidando de esta manera una imagen de mi mismo penosa e ingrata. No obstante, un día todo cambió. Muy a mi pesar, me dejé convencer por unos amigos para entrar en una discoteca donde me insistieron (prácticamente me obligaron y no puse resistencia porque…¿para qué?) en que tomara un combinado de no recuerdo qué bebidas alcohólicas. No había probado el alcohol en mi vida y le tenía miedo a sus consecuencias pero fue como si un rayo me recorriera de arriba abajo, incrementando exponencialmente mi fuerza y mi seguridad conforme bebía y llevándome – lo juro – a experimentar en mi persona los resultados levitatorios de la poción mágica en Astérix (ver imagen).

Desde ese momento he encontrado en el alcohol mi poción mágica y procuro no sólo ingerirla con frecuencia, pues cuando remiten sus efectos es como si todo se lo tragara un desagüe gigante, sino que me compadezco cada vez más de “esos romanos locos” que me dicen que estoy envenenándome y que la fortaleza superior que poseo sólo existe en mi cabeza”.

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