“Vine por obligación. Mi mujer me dio un ultimátum: O te curas o te dejo para siempre y me llevo a los niños. Al principio vienes forzado y sin ninguna gana. Enseguida notas con la desintoxicación que te sientes más fuerte y optimista, con las ideas más claras. El equipo me dijo que no me confiara, que pasada la euforia inicial venía el verdadero proceso. Tenían razón. El tratamiento me está sirviendo para conocerme mejor, para descubrir cosas de mí que ignoraba por completo. Yo estoy sorprendido pero animado porque mi familia dice que el cambio es formidable y me animan a que siga.”