Yo no soy un alcohólico

Madrid, distrito de Tetuán. Hora de cenar. Charla hogareña:
– ¡Bebes mucho Mariano!.
– No es para tanto, Matilde ¿Cuándo me has visto borracho? Nunca
– Siempre vienes cargado, Te cambia el carácter, te vuelve agresivo. Roncas cuando duermes y la habitación huele a alcohol que apesta
– Matilde, no te pases, que yo no soy un alcohólico de esos.yonosoyalcoholico

No es lo mismo ser alcohólico a secas que ser “un alcohólico”. El “un” etiqueta al alcohólico de malo y definitivo. No es lo mismo agredir que ser un agresor, bailar que ser un bailador, beber que ser un bebedor, Quizá nuestro bebedor, Mariano, esté proyectando el rechazo que siente por sí mismo. Decía Dylan Thomas que “un alcohólico es alguien que no te cae bien y que bebe tanto como tu”.

El diccionario de la RAE atribuye a este “un” una cualidad enfática que sirve para remarcar la condición de alcohólico, añadiendo un toque despectivo mediante el cual nuestro “acusado” Mariano no solo rechaza el calificativo, sino que contraataca a sus acusadores afeándoles que le etiqueten de algo malo. Sería como decir ¿Quién eres tu para decirme eso?

Y la conversación acabó así
-Mariano, mi amor, si te lo digo por tu bien. ¿Por qué no vamos juntos al médico a ver que nos dice?
-Matilde, la cena estaba rica. Tengo mucho sueño. Me voy a la cama.
-Matilde abre la ventana. Una brisa templada le acaricia el cabello mientras escucha el fragor de la ciudad. Permanece en silencio un largo rato. Cuando cierra la ventana tiene otra expresión en la cara.

 

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AUTOR: Carlos Sirvent

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